Sobre el antidarwinismo...

Pero lo peor puede estar todavía por llegar. El creciente control de la investigación biológica por grandes empresas farmacéuticas y “biotecnológicas”, la creciente manipulación con fines comerciales (en el mejor de los casos) de procesos biológicos cuyas complejísimas interacciones orgánicas y ecológicas han puesto claramente de manifiesto que no se pueden controlar (se pueden manipular, alterar, pero no prever las consecuencias de estas perturbaciones del orden natural), están conduciendo a la aparición de graves peligros para el ecosistema global y, muy especialmente, para los seres humanos.

Por lo que se lee en las revistas científicas, en los grandes medios de comunicación, por lo que predican los científicos más prestigiosos sobre las grandes ventajas futuras de estas alteraciones, de estas agresiones a la Naturaleza, puede parecer ésta una visión catastrofista y sin fundamento. Dejo que el lector valore su verosimilitud en función de los textos e informaciones aquí expuestos.

Algo sí parece digno de ser tenido en cuenta, incluso por las mentes más “escépticas” (que es como se autodenominan los fanáticos de la verdad “oficial”): Ante la acumulación de evidencias, de conocimientos totalmente contradictorios con las premisas darwinistas, cualquier teoría científica habría sido abandonada hace mucho tiempo. Si se mantiene es porque no se trata de una teoría científica, sino una creencia. Porque si se valora siguiendo los criterios básicos de las ciencias empíricas, el darwinismo es, desde su origen, totalmente acientífico. Su persistencia en contra de las evidencias y el afán en defenderlo desde determinados estamentos con argumentos retóricos y falsedades históricas hace pensar que su permanencia no tiene nada que ver con su validez científica. Es posible que el lector deduzca, de la lectura de los textos que figuran en esta página, con qué tiene que ver, pero me voy a permitir orientarle con una reflexión bien fundamentada:

El hecho de que una teoría tan vaga, tan insuficientemente demostrable, tan ajena a los criterios que suelen aplicarse en las ciencias empíricas, se haya convertido en un dogma, no es explicable si no es con argumentos sociológicos. Ludwing Von Bertalanffy (1901-1972)

MIS ALUMNOS, MIS MAESTROS.

Mi admirado José Saramago solía decir que somos en un noventa por ciento, quizás más, producto de los demás. De las personas que hemos encontrado en nuestro camino. En mi caso, una buena proporción de mis “constructores” se encuentra entre los centenares, miles de alumnos que han pasado por mi vida. Pese a que he llegado a ser recriminado en público por decirlo, lo repito porque es sincero: he aprendido mucho más de mis alumnos que de mis colegas. He encontrado unos ejemplos de lucidez, de madurez, de compromiso, algunos hasta tal punto que difícilmente encontrarán acomodo en esta sociedad enferma que, en ocasiones, me han hecho creer que todavía estamos a tiempo para cambiar el Mundo. Pero mi condición pesimista me ha devuelto a la realidad al pensar en los miles, tal vez millones de jóvenes cuyas potencialidades están siendo, siguen siendo cercenadas por el adoctrinamiento. No les deprimo más. Dejo que el lector imagine hasta dónde podrían llegar (hasta dónde podríamos llegar) si a estos científicos de veinte años no les fueran cortadas las alas por los administradores de “la Verdad”. Los trabajos de curso y artículos que he podido recopilar son sólo una pequeña muestra de centenares de textos (la mayoría en papel) merecedores de difusión. Desafortunadamente, no he podido conseguir la autorización para hacer públicos algunos cuyos autores “han volado”. Pero creo que esta es una muestra esclarecedora. Espero que los disfruten.